sábado, septiembre 29, 2012

Entrevista a Daniel Paredes

, by Daniel Paredes


Entrevistadora: Pilar Fernández
Entrevistado: Daniel Paredes

(Esto es un extracto. La entrevista completa puede leerse en el blog 5alas5, y también en Resistencia Urbana, de Ceci Vietri.)

Daniel Paredes hoy es noticia porque acaba de publicar y presentar, en Buenos Aires, un libro de cuentos titulado Tierra de trampas.

P.F (Pilar Fernández): Además de todo lo dicho y de ser un buen amigo de 5alas5, dime: ¿Quién es Daniel Paredes?

D.P. (Daniel Paredes): Paso la mayor parte del tiempo en casa, dividiéndome muy placenteramente entre compartir las horas con mi familia y trabajar en lo que me gusta. Es cierto que pertenezco a esa raza insólita que prefiere leer a mirar televisión, pero fuera de esta rareza, digamos que hago una vida de lo más normal.

P.F.: He tenido la suerte de leer todos los cuentos de Tierra de trampas, y me sentí atrapada del primero al último. Son cuentos duros y descarnados que por momentos encienden una llamita de ternura y esperanza. Es la vida de los páramos y no me refiero solo a los pueblos y paisajes. ¿Qué esconde Tierra de trampas?

Libro de Daniel Paredes Tierra de trampas
D.P.: Tierra de trampas consta de once cuentos, la mayoría costumbristas, y en ellos he intentado rescatar algo de la gente de nuestro país. En especial he puesto la lupa sobre el hombre que vive en los pueblos chicos, o al pie de una montaña, o incluso en medio del monte. Esa gente de escasos recursos a veces es centro de la burla del hombre de las grandes ciudades. Es que algunos piensan que ser silencioso equivale a no tener nada que decir, o que la falta de estudios convierte a las personas en incapaces. Pero no se paran a pensar que el hombre del monte levanta solo su casa, amasa el pan que pone sobre la mesa, sabe sembrar, cazar, criar animales, construir sus propios instrumentos de música... No sé cuántos de los que se sientan cómodamente en una oficina serían capaces de hacer lo mismo. Además son dueños de una sabiduría que se transmiten por generaciones, y el contacto con la naturaleza les ha afinado el ojo y el espíritu, así que es frecuente que se expresen con un lenguaje muy particular, muchas veces poético. Ese hombre subestimado es el que tenderá varias de las trampas que aparecen en el libro.

P.F.: ¿Qué se puede conocer de Daniel Paredes a través de sus historias?, ¿te escondes detrás de los personajes y las tramas? y, ¿qué te mueve a elegir un tema?

D.P.: Es difícil no escribirse uno mismo. En este libro hay mucho de mí y de gente que conozco, pero todo queda disimulado bajo las capas de lo artístico: los narradores exageramos, atenuamos, falseamos, es decir, generamos las distorsiones necesarias para encauzar el relato hacia donde más nos convenga.
Y yendo a tu pregunta acerca de qué me moviliza, hay un amigo que siempre me dice “Tendrías que escribir aquello que te conté” (una historia real en donde el azar ha armado un enredo). Él piensa que el cuento ya está hecho y que sólo resta escribirlo. No sabe que si el suceso no me roza un algo que llevo adentro, no lograré que me salga una sola frase. Eso es lo que me moviliza: que el suceso se amigue con mi sensibilidad.

P.F.: ¿Crees que escribir sirve de valor catártico? ¿Te enseña algo sobre tu propia personalidad?

D.P.: No lo sé… Tal vez me enseña que no escribo para hacer catarsis, o, mejor dicho, que escribir no me cura. Cuando releo mis textos, vuelvo a emocionarme siempre en los mismos fragmentos: me parece un indicio de que las heridas siguen abiertas.

P.F.: Te entiendo muy bien. Interesante respuesta.
Yo soy española y conecto con tus cuentos. ¿Acaso pensaste alguna vez traspasar las fronteras y ser leído más allá del charco? ¿Qué sería lo que más te preocuparía en ese caso: el lenguaje (localismos), tema, personajes…?

D.P.: Nada de eso me preocupa, de verdad. Y es que, aunque me lo propusiera, no sabría ser otro. Yo no puedo escribir como español ni como mejicano ni como chileno, porque mis sentidos no han abrevado en otros paisajes que no sean los nuestros ni han conocido más lenguaje que el de nuestra gente. Cuando escribo no puedo desprenderme ni del “che” ni del mate ni del tango, porque hacerlo sería quedarme desnudo. Además confío en que, si soy verdadero, al otro le interesará más lo que tengo de diferente. ¿O acaso no es interesante asomarse por el tapial para conocer cómo vive el vecino?...

P.F.: Desde luego, es enriquecedor ver cómo vive el vecino. Y hay muchos concursos literarios internacionales cuyo único requisito es que se escriba en español, me gustaría pensar que escribir con giros propios (localismos) de cada país no resulta un hándicap para el escritor, independientemente de quién organice el certamen. Pero dime: ¿por qué escribe Daniel Paredes?

D.P.: Yo me comparo con un chico. Si a un chico le duele algo y sus padres no le llevan el apunte, entonces se tirará al piso, chillará, se revolcará… hará todo lo posible para llamar la atención. Yo, en lugar de revolcarme, me siento y escribo; pero la intención es la misma: cuando escribo estoy diciéndole al lector “Me duele acá y necesito que lo sepas”.

P.F.: Esto me recuerda al valor catártico del que hablamos antes. Aunque escribir no cure, sí tiene algo de purgante. ¿Cómo descubriste tu vocación de escritor?

D.P.: Desde chico me sentí inclinado hacia las artes: a los diez años estudiaba guitarra y bailaba danzas folclóricas argentinas. El bichito del escritor también andaría por mi sangre en aquella época, porque ya en el colegio primario era muy bueno en Lengua —y pésimo en casi todas las demás asignaturas— y nada me entusiasmaba tanto como las “redacciones” que solía proponer la maestra. Sin embargo, no conocí el placer de la lectura hasta bien entrada la adolescencia. Recuerdo que mi padre me regaló mi primer "libro de grande", un libro que anduvo dando vueltas por la casa mucho tiempo sin que yo conociera otra cosa más que las tapas. Al poco tiempo de morir mi padre, tal vez por melancolía, tomé aquel libro para conocer, por fin y gracias a Dios, el contenido. Se trataba de El escarabajo de oro y otros cuentos, de Poe. Desde entonces empecé a leer mucho, muchísimo, sin orden alguno, guiado sólo por las ansias y el placer. Supongo que estos antecedentes, más algo de sensibilidad y observación, han colaborado para que decidiera moverme siempre en estos territorios.

P.F.: Así que las llaves las tenía Poe. Supongo que es uno de los recuerdos que llevas contigo, y te da fuerzas. No sabes cómo te entiendo. Ese momento en el que lees el libro que te regaló tu padre, abre las puertas al escritor que había dentro de ti. Cuando empezaste a escribir ¿tenías en mente modelos literarios de escritores a los que querías imitar?

D.P.: Sí, aunque de forma inconsciente. Al momento de armar una frase, ese tono ajeno andaba revoloteando en el aire y era imposible no tomarlo. De todos modos, me parece imposible que alguien pueda emplear un tono propio desde sus primeros textos, excepto que sea un tono decididamente desagradable, como suele serlo el de aquellos que se largan a escribir sin haber cultivado jamás la lectura. Hay un código literario, una esencia que circula subterránea por toda la literatura, y uno debe empaparse de ella, repetir esos códigos hasta apropiárselos, y una vez instalados esos cimientos, poco a poco puede ir levantando las paredes del estilo propio. Nuestra voz no es otra cosa que un caldo hecho de muchas voces ajenas, pero que hemos proporcionado de tal modo que huele distinto al caldo de los demás.

P.F.: Creo que no se puede expresar mejor, muy clarificador. ¿Cuál es tu literatura favorita? ¿Cuáles son tus escritores preferidos?

D.P.: Es mucha y muy variada la literatura que me produce placer, pero siempre releo y recomiendo los clásicos. Esas obras esconden el secreto de lo perdurable. Son historias que interesan al Hombre de cualquier lugar y cualquier época. Fijate en el Quijote, por ejemplo, tiene casi cuatrocientos años y ha sobrevivido a todos los movimientos, ha saltado por sobre todas las “modas” estilísticas, ha visto nacer y morir a tanta “vanguardia”... Cervantes, Poe, Kafka, Borges, Stevenson, Dante, Tolstoi, Dostoievski, Maupassant… cualquier lector que busque por ahí, no puede salir decepcionado.

P.F.: ¿Vives la soledad del escritor? ¿Necesitas compartir lo que escribes con alguien? ¿Grupos o tertulias literarias, familiares, tu mujer, amigos...?

D.P.: Lo necesito, sí. Daniela, mi esposa, es la primera en leer mis textos, incluso cuando aún no están terminados. Le pido que lea en voz alta, y mientras lo hace voy estudiando sus gestos y las inflexiones de la voz para saber si he logrado plasmar los efectos que me había propuesto. Su parecer me resulta muy valioso: además de ser implacable con la crítica, su punto de vista no está contaminado de fundamentos teóricos, ella mira con ojos más salvajes: simplemente algo le gusta o no le gusta y, después, que me encargue yo de sondear los motivos. Su mirada me acerca a la del lector común, que es en definitiva a quien le apunto. Cuando el texto está terminado, a veces lo pongo a consideración de algunos amigos escritores —también implacables—, que me ofrecen otras perspectivas. El resultado de atender a esas voces y de trabajar en consecuencia es, por supuesto, un texto mejor.

P.F.: ¿Cómo es tu proceso de corrección?

D.P.: A diferencia de lo que suele recomendarse, yo voy corrigiendo a medida que escribo la primera versión. Es un trabajo lento, pero cuando termino de contar la historia, ya ha quedado prácticamente impecable (esto no impide que luego siga retocando ad infinitum). Es que si una frase no me cierra, no puedo continuar con la siguiente. Encontrar la palaba exacta, controlar el ritmo y la fluidez, hace que me sienta cómodo; cuando sé que he dejado un ripio por el camino, avanzo con una piedra en el zapato.

P.F.: ¿Alguna vez te has sentido bloqueado, sin ideas?

D.P.: Me ocurrió recientemente.

P.F.: Yo tengo la teoría de que tarde o temprano, le pasa a todo el mundo. ¿Cómo lo has superado?

D.P.: En principio, organizando mejor los tiempos. Ahora dispongo de algunas horas diarias que dedico sólo a escribir. Y lo he superado escribiendo y escribiendo, cualquier cosa, lo que saliera: ideas sueltas, escenas reales, poesía, técnicas de libre fluir... Sí, escribía a ciegas. Es que uno no puede sentarse de lo más cómodo a esperar que llueva la inspiración. Cuando las musas no quieren venir, hay que salir a cazarlas.

P.F.: ¿Cuál es tu ambición como escritor? ¿Adónde quieres llegar?

D.P.: Hasta donde pueda. Me gustaría escribir uno de esos libros que perduran. ¡Uff, qué ambicioso! Es que si nos proponemos objetivos mediocres, directamente nos entregamos a la mediocridad; en cambio, si apuntamos alto, no tendremos más remedio que darlo todo para poder seguir creciendo. Cuando yo escribo un relato, no me pregunto qué pensarán de él mis amigos y mi familia, me pregunto qué pensaría si lo leyera Poe. Y la respuesta siempre me obliga a volver sobre el texto para procurar mejorarlo.

P.F.: Aprovechando que acabamos de iniciar el 2011 y una nueva década, te deseo que escribas ese libro perdurable, y que tu Tierra de trampas tenga muchos lectores. Y por supuesto, todo lo mejor y los mejores deseos de 5alas5 para ti.


D.P.: Muchas gracias, Pilar, por brindarme este espacio en 5alas5. A ustedes y a vuestros lectores les deseo salud, prosperidad y mucho amor. Y también lecturas sabrosas y abundante creatividad.

Más información sobre el libro Tierra de trampas, de Daniel Paredes

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